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Los elfos de Krynn son amados por los dioses del bien. Son una gente que vive en armonía con la naturaleza, modelándola gentilmente para que concuerde con su visión de la perfección. Debido a su larga esperanza de vida, los elfos parecen poseer una paciencia infinita. A menudo se les considera más soñadores que creadores, carentes de ambición, no involucrados, distantes y etéreos. La reverencia apasionada de los elfos por la vida y su amor por la naturaleza a menudo hace que, en comparación, las ambiciones humanas parezcan vacías.

HistoriaEditar

Los elfos creen, como casi todas las razas de Krynn, ser los primeros nacidos del mundo. Cuando despertaron por primera vez en la Era de los Sueños, estaban dispersos por toda la tierra como las estrellas por el cielo. El paso de la Gema Gris alteró algunos elfos terrestres en elfos marinos, que desarrollaron culturas independientes de la historia élfica principal. Incluso ahora viven en una distante oscuridad y paz, aunque existe un cierto comercio entre los elfos de tierra firme y marítimos.

Los elfos terrestres buscaron la paz con el mundo, pero la paz no siempre fue posible en Ansalon. Los dragones del mundo despertaron, algunos al mal y algunos al bien. La Primera Guerra de los Dragones trajo conflicto al mundo de Krynn.

La Guerra de los Ogros anunció la Segunda Guerra de los Dragones, que empezó cuando los elfos se asentaron en territorio reptiliano. Durante la guerra, Silvanos Goldeneye, un poderoso guerrero elfo y un gran viajero, visitó a muchos de los elfos en los bosques profundos de todo Ansalon. Viajando con su compañero kender Balif, Silvanos halló gran sufrimiento y muerte durante la Guerra de los Dragones.

Finalmente no pudo tolerarlo más. Convocó a los elfos de los bosques y les convenció de que se unieran al Sinthal-Elish en una colina llamada Sol-Fallen. Allá, muchas casas y clanes juraron lealtad a Silvanos y a la reciente nación silvanesti. Balif se convirtió en general. En el 3350 a.C., tras la victoria de los elfos y el segundo Sinthal-Elish, Silvanos edificó Silvanost en los antiguos bosques de los dragones. Concedió tierras a todos los elfos, y estableció el reino de Silvanesti a lo largo de las líneas de las caídas civilizaciones de los ogros.

Luego Silvanos se casó con Quinari y fundó una familia. Su primer hijo, Sithel, asumió el liderazgo de los elfos a la muerte de Silvanos el 2515 a.C. Enterró a su padre en una tumba de cristal, y erigió una torre en su honor en el corazón de Silvanost. El 2308 a.C. nacieron de la mujer de Sithel dos hijos gemelos, Sithas (el mayor por minutos) y Kith-Kanan. Durante este mismo tiempo, el imperio ergothiano empezó a traspasar los límites en expansión de Silvanesti. Los elfos nómadas, acaudillados por Kith-Kanan, contactaron por primera vez con la ascendiente civilización humana. Kith-Kanan estableció el comercio entre los elfos nómadas y los asentamientos humanos en sus fronteras. A su debido tiempo se produjeron matrimonios entre elfos nómadas y humanos. Sithel contempló esos matrimonios con suspicacia. En el 2192 a.C. viajó a las fronteras occidentales del reino para estudiar la diplomacia de Kith-Kanan.

Mientras cazaba en la frontera, Sithel fue muerto. Algunos dicen que la flecha humana que lo mató halló su blanco por accidente. Otros dicen que los humanos mataron a Sithel para eliminar barreras a su expansión. Fuera cual fuese el caso, el resultado fue las Guerras de Kinslayer.

Duró hasta el 2140 a.C. Los altos elfos de Silvanesti intentaron expulsar a los humanos de sus tierras, mientras los elfos que se habían casado se pusieron del lado de Ergoth. Así, Kith-Kanan condujo las fuerzas occidentales de Silvanesti a la batalla contra sus propios hermanos de raza. La guerra terminó con una tregua entre Ergoth y Kith-Kanan. Por entonces, los elfos altos del oeste se habían cansado del rígido sistema de castas de Silvanesti, declararon la independencia y tentaron la guerra civil.

Mediante negociaciones secretas con Ergoth, Sithas resolvió simultáneamente varios problemas. En el 2073 a.C. fue firmado el tratado de la Vaina de la Espada y se formó la nación de Qualinesti, un lugar donde los elfos nómadas del oeste de Silvanesti podrían establecer su propia nación. Kith-Kanan reconoció el acto como un exilio, pero no pudo hallar otra esperanza para su gente. Los qualinestis alcanzaron su nuevo hogar tras la Gran Marcha, que duró del 2050 hasta el 2030 a.C. Así, Qualinesti nació del pesar y la esperanza. Kith-Kanan estableció su reino y nunca regresó al este.

Tras la formación de Qualinesti, los silvanesti permanecieron en autoimpuesto aislamiento hasta que el rey Lorac Caladon estableció un floreciente comercio con el imperio septentrional de Istar. A su debido tiempo, el Cataclismo selló las fronteras de Silvanesti y los elfos se retiraron del resto del mundo.

Debido al arrogante Príncipe de los Sacerdotes, los silvanestis culparon a los humanos del Cataclismo. Su propio aislamiento les hizo igualmente censurables. Pese a ello, los silvanestis tienen la sensación de que su don de civilización pasó sin ser apreciado y, en el caso de Istar, se abusó arrogantemente de él. Esta sensación no ha hecho más que reforzar su desconfianza hacia los humanos.

Los qualinestis sufrieron también a causa del Cataclismo. Otras razas han efectuado a menudo incursiones contra ellos en busca de comida y riquezas. Sus sueños de modelar ciudades además de su gloriosa capital han quedado olvidados mientras luchan por mantener lo que ya han conseguido.

Forma de vidaEditar

Antes de la Era de los Sueños, los elfos altos vivían en los bosques sin construir refugios. Por aquel entonces era un pueblo muy forestal, aunque habían formado clanes elfos y eran en cierto modo territoriales.

El fin de la era del Nacimiento de las Estrellas vio uno de los fines de la forma forestal de existencia. Forzados por la amenaza reptiliana del noroeste, se reunieron por primera vez bajo la dirección de Silvanos. Después de que los dragones resultaran derrotados, los elfos empezaron a asentarse en algunas regiones fértiles. Construyeron ciudades, sabedores de que algún día necesitarían defender de nuevo su hogar.

La disposición de estas ciudades no ha cambiado en el transcurso de los milenios. Cada ciudad está construida de forma circular, celular. La organización celular de las plantas proporciona un buen modelo para las ciudades élficas. De hecho, todas las construcciones de los elfos siguen los esquemas de la vida y la naturaleza.

Rasgos comunesEditar

Entre los elfos de Ansalon hay una variación considerable en cultura, política, lengua y características físicas. No obstante, los elementos comunes a todas las naciones élficas son todavía mayores.

Los rasgos elfos tienden a ser más delicados y severos que los de la mayoría de humanos. Orejas puntiagudas, ojos almendrados, pómulos prominentes y una constitución generalmente esbelta y flexible son cualidades que los identifican de inmediato. La mayoría son más bajos en estatura que el humano medio, siendo raro que sobrepasen los 6 pies y medio. Aunque no tienen vello corporal, acostumbran a estar dotados de lujuriosas cabelleras que cuidan con esmero, en ocasiones dándoles extravagantes peinados. Los elfos tienden a moverse con una gracia innata que fascina a los miembros de otras razas; su belleza resulta sobrenatural para los humanos, quienes entran en trance la primera vez que los ven. De hecho, algunos cuentos hablan de jóvenes que se internaron en los bosques de los elfos y, embelesados para toda la eternidad por su hermosura, jamás regresaron.

Los elfos gozan de sentidos notablemente agudos. Su vista y su oído son especialmente afinados: su pregonada vista élfica les permite ver tanto en la oscuridad como a grandes distancias, y son capaces de detectar los sonidos más tenues y remotos entre el ruido ambiental del bosque. Tienen una capacidad extraordinaria para encontrar pasajes y puertas secretos, así como lugares escondidos.

Bien conscientes de los logros de su raza y de su lugar en la historia, los elfos suelen ser  orgullosos en extremo. Miran con desdén o lástima a otras razas subdesarrolladas y de corta vida, si bien entre los silvanesti es un fenómeno más acusado. Esto ha llevado a políticas de aislacionismo y supremacía racial en las naciones élficas, nacidas en tiempos inmemoriales. Este complejo de superioridad está profundamente engarzado y es difícil de superar, incluso para elfos que pasan mucho tiempo entre otras razas de Ansalon.

Al margen de cuál sea su nación de origen, los elfos comparten afinidad por el mundo natural. Ya sea dirigiéndolo para que obedezca a su voluntad, trabajando con él codo con codo o abrazándolo en su estado salvaje e indómito, los elfos mantienen un fuerte vínculo con los lugares silvestres de Ansalon.

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